Lucian Blaga – Creación y creador

Lucian BlagaEl arte constituye, para Blaga, un acto de desvelamiento, en el sentido etimológico del término, de alejamiento del velo transcendental, realizado dentro de la inmanencia humana, un acto en consecuencia limitado que no puede entrar en contacto con la esencia, con la verdad absoluta, estas quedando un misterio para el hombre. Mediante el intelecto, el ser humano busca descifrar el misterio, pero Dios, El Gran Anónimo, con la censura transcendental que impone, lo impide llegar a la verdad absoluta, el hombre siendo, de esta manera, obligado a aceptar el misterio tal y como es, como a un fenómeno metafísico, por él inaccesible. A la verdad absoluta, a la esencia, el hombre es susceptible de acceder sólo por el intermedio de su intuición, mediante una experiencia determinada por el amor (cf. Y Schoppenhauer, Diltley, Nietzsche y otros). Sólo por la intuición se puede llegar a una unión total entre el conocedor y el objeto del conocimiento, más allá de la zona dominada por la lógica y el razonamiento, una unión que tiene lugar en la área del misterio, del inefable, puesto que la Verdad, por su naturaleza intrínseca, se sitúa fuera de todos los filtros de la razón.

En su esencia, la filosofía de Lucian Blaga representa un modo de pensar sobre la condición humana en el universo, considerada en relación con El Gran Anónimo – proyección mítico-filosófica de la imaginación en busca de significados últimos –, al cual se atribuyen tanto cualidades divinas como cualidades demoníacas.

De este modo, el ideal antropológico de Lucian Blaga sitúa la condición humana en una dimensión cercana de los horizontes del demiurgo primordial, presente en los mitos arcaicos, cuyo prototipo es, en el espacio cultural rumano, Maese Manole, así como se nos muestra él en la leyenda con el mismo título.

En la visión de Blaga, El Gran Anónimo le regaló al hombre un destino creador, este desarrollándose por el intermedio de su creación. Sin embargo, el hombre no es un creador demiúrgico, un continuador de la obra del Creador después de su retraso del mundo (deus otiosus), el acto creador del ser humano no puede equivaler con el acto creador del Gran Anónimo, porque Este crea en absoluto y el hombre crea en relativo, la relación entre relativo y absoluto siendo entendida del punto de vista del deseo del hombre de llegar al absoluto, acción impedida por “la censura” aplicada del Gran Anónimo al ser humano. Por eso, el ser humano no puede competir con el Creador, con El Gran Anónimo, ni en el plan de la creación, ni en él del conocimiento, porque el acceso al conocimiento le es prohibido por el misterio transcendental que constituye la dominante cósmica de la creación. De esta perspectiva, el acto humano de la creación representa, para Blaga, un acto de la revelación del misterio.

Para el filósofo rumano, el acto de poner al descubierto el misterio crea las bases de una interrelación concéntrica, dado que una semejante acción no tiene como resultado y finalidad el esclarecimiento del misterio, sino el aumento de este, con otras palabras la finalidad de cada “revelación” es un nuevo “envolvimiento” que en modo implícito subraya la imposibilidad de lo finito de comprender lo infinito, si lo infinito no lo permitiera. El acto de la desvelación del misterio no es posible para el ser humano. Dios, el autor del misterio, es infinito, de este modo sólo Él puede descubrirlo, el hombre no puede hacerlo, dado su carácter finito. Si lo infinito puede entrar en lo finito por un acto de voluntad de tipo kenotico que Kierkegaard solía nombrar como “el gran paradojo” (1962, II, p. 371), lo finito creado no puede tener el mismo acceso a lo infinito, porque le es inferior. Él puede tener sólo un acceso parcial y limitado, pero sólo en la medida en que lo infinito se deja comprender.

Refiriéndose a los esfuerzos del hombre creador dirigidos a esclarecer el misterio, Blaga otorga al arte un papel esencial como instrumento del conocimiento. Dada la diferencia existente entre lo finito y lo infinito, lo finito puede tener acceso sólo a unas partes de lo infinito. El descifre de una parte finita de la infinidad de partes que forman lo infinito conducirá necesariamente a un “ahondamiento” del misterio o, dicho de otro modo, el desvelo parcial de un misterio va a generar otro misterio, ad infinitum.

La cuestión acerca de la naturaleza del bien y del mal en relación con Dios ha preocupado el ser humano de todos los tiempos, impulsando el pensamiento filosófico y teológico. Por ejemplo, en un racionamiento que le es atribuido, Epicuro planteaba el problema de la siguiente manera: 1. Si Dios no es capaz de prevenir el mal, Él no es todopoderoso; 2. Si no quiere prevenir el mal, Él no es bueno; 3. Si quiere y puede prevenir el mal, entonces ¿por qué existe el mal?. En última instancia, el problema fue resumido en los siguientes términos: 1. Dios o es bueno, pero, en este caso, dado que no puede impedir la manifestación del mal, Él no es todopoderoso; 2. o es todopoderoso, pero, en este caso, dado que tolera el mal, no es bueno.

En la visión de Blaga, lo divino y lo satánico – o lo anti-divino – representan las dos caras de la misma entidad. Haciendo referencia a Goethe, Blaga (1930, p. 287) escribía que este: “encuentra en lo demoníaco tantos elementos que vienen a romper la esquema de la lógica espinosista: lo demoníaco es irracional, pero se parece sin embargo a la Providencia Celestial, vive de y por contradicciones, es arbitrario y se complace en lo imposible.”

Esta situación de compromiso hace referencia, indirectamente, a una de las celebras afirmaciones de Pascal, según la cual “el hombre no es ni un ángel ni una bestia; y la desgracia quiere que quien desea hacerse el ángel, haga la bestia” (2014, p. 35). Desde semejante perspectiva, lo trágico del destino del ser humano aparece sólo cuando “la aspiración secreta” de acceder como Prometeo al fuego de los dioses coloca al hombre en una dimensión de lo satánico que va invalidar, sea sólo en el campo de la posibilidad, su destino de posible adyuvante para el mantenimiento del orden universal, que le concede, en última instancia, la máxima dimensión de su unicidad.

Pero por Blaga, lo trágico de la condición humana verdadera y no pervertida es indisolublemente unido a su destino creador, porque, “el hombre se siente lleno de otro destino que él de una existencia dentro de y para lo inmediato.” (1985, p. 441).

Bibliografia:

Lucian Blaga, “Daimonion”, Societatea de mâine, nr. 15-16, 1930
Lucian Blaga, Trilogia culturii, Minerva, Bucureşti, 1985
Soeren Kierkegaard, Postilla conclusiva non scientifica (trad. it. Cornelio Fabro) Zanichelli, Bologna, 1962
Blaise Pascal, Pensamientos (selección y traducción de Rafael Gómez Pérez), Rialp, Madrid, 2014

© Christian Tămaș

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Despre Christian Tamas

Orientalist, Writer, Translator (8 foreign languages: Arabic, French, English, Italian, Spanish, Portuguese, Irish, Catalan), Arts and Humanities Researcher
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